Una década de mi vida puesta a despertarme cada día con saber que estabas ahí. Fuiste la forma de amor más pura que alguna vez sentí... el cielo debería estar más que conforme con la adquisición del ángel más lindo que tuve el placer de tener.
Me destroza la vida saber que pude haber hecho algo para retrasar toda esta mierda. Te juro que te extraño hasta dónde estés. Si supieras entenderme de la manera que quisiera te pediría que me perdonaras por esto, te hubiera abrazado y llenado de besos mil veces más si hubiera sabido que iba a acostarte en esa camioneta y no ibas a volver.
A veces las formas de amor más irreemplazables vienen en un envase tan chico que a veces lo sobrevaloramos, pensamos que va a estar allí siempre para nosotros. Es difícil de creer como algo tan chiquito y que no puede expresar sus emociones con palabras pueda hacerte sentir tan feliz, segura y amada como lo hacías vos.
Podía caerse todo, volar todo por todos lados, pero ahí estabas siempre con el amor que te caracterizaba, eras mi bebé. Me deja tranquila que te entregué todo el amor que tenía hasta agotar mis reservas, el amor que me quedaba, ese restito para en caso de emergencia lo estoy poniendo ahora acá, para sentirme más en paz. Voy a dormir los próximos días acordándome de esos ojitos enormes y oscuros, espero que estés en donde estés sepas que te amo, y me recuerdes como yo a vos...
19. Montaña rusa emocional. Amante de la vida. No podemos lograr nada sin esfuerzo y constancia, reina de las caprichosas de mente frágil e infantil. Odio las mentiras. Estoy enamorada de mí. Necesito más amor del que necesitaría cualquiera. Tengo una seria adicción con enamorarme de la persona equivocada y extrañar de la misma manera. En cuanto a sentimiento necesito muchos golpes para caer en la realidad. No suelo buscar a las personas, pero si me buscan está más que claro que me encontrarán.
Soy la persona más antipática del mundo con personas a las que no conozco, no soy de demostrar cariño pero cuando realmente siento algo por alguien me vuelvo el ser más patéticamente cursi del universo. Cuando me enamoro quiero ser perfecta, no quiero cometer errores, quiero que me quieran tanto como yo lo hago, quiero ser el TODO para a otra persona. Pongo todo de mí aunque, como acostumbro, suelo ser la lastimada de las "relaciones". Quiero correr y saltar a la misma vez y gracias a eso termino tirada y sin dar un solo paso. Siempre. Amo Arctic Monkeys, la música en general, y más aquella que transmite todas esas palabras que no soy capaz de decir.
lunes, 5 de junio de 2017
domingo, 2 de octubre de 2016
boom
Cuando era más chica siempre pensé que nosotros nos armábamos nuestra "definición de nosotros mismos" en base a requeches que de las opiniones ajenas, un tanto irónico a decir verdad. Amo con mi existir haber crecido y haberme dado cuenta de que papa Noel no existe, ni los reyes magos, ni que la palabra de mama es decreto celestial, que el ratón de los dientes era rubio y que me dejaba la plata abajo de la almohada ni bien se percataba de que estaba en el octavo sueño después de haberme comido hasta la última barra de chocolate de la heladera. Disfruto de haberme auto-derrumbado la burbuja de mundito perfecto que tenía hace unos cuantos años. Los niños no son todos dulces, es más, en su mayoría son crueles... Y que por más de que cierre los ojos y exprima hasta cada centímetro cuadrado de mi ser, lo que veo en las películas y leo en los libros sobre amor eterno, poderes mágicos y mas bizarrearas de Disney no se van a cumplir. Empezamos a poner en cuestión todo lo que gira a nuestro alrededor, letras de canciones, por qué los colores secundarios se forman en base a combinación de algunos primarios, por qué el cielo es azul, por qué las canciones suenan más bonitas cuando las cantamos con la orquesta de nuestro subconsciente de fondo y cuando abrimos la boca para mostrarle al mundo lo que tenemos en la cabeza solo largamos una sarta de oraciones desafinadas tremendas... "mamá y papá no se equivocan" algo que muchos de nosotros habremos dicho desde chicos, si, lo hacen, y eso es de las cosas más lindas que el mundo nos obliga a entender. No existen cosas perfectas, y empezamos a aceptar todo como viene de fabrica, incluyéndonos... Los días empiezan a pasarnos cada vez más rápido, las agujas de los reloj por lo menos en mi vida se están moviendo seguramente más rápido que un auto de rally y me doy cuenta solo cuando me lo recuerda mi vieja, totalmente bochornoso. Amo desmedidamente desarmar la vida prediseñada que tenía, una carrera que me permita vivir cómodamente, alguien que ame que me llene el alma y que sea igual de infantil y pegajoso que yo, tener un cuerpazo de revista libre de cicatrices y tatuajes que puedan alterar esa armonía. Una boda, el vestido blanco, mis hijos, mi casa, mis vacaciones... 20 años demore en caer que pase más tiempo de mi vida tratando de armar una vida perfecta antes de vivir lo que me estaba sucediendo y los años empezaron a pasar. No hay mejor cosa que te pueda suceder que empezar a disfrutar y disfrutarte, salí de joda, come, mira todas las películas que puedas, teñite el pelo, hace todo lo que quieras. Que alguien venga a decirme que no tuve una buena vida, explotense!
jueves, 21 de mayo de 2015
Una vida de metáforas
Como en toda travesía que emprende un pionero no experimentado hay miedos, siempre hay un momento en el que agacha la cabeza, mira sus propios pies y duda si dar el primer paso... ¿Será por miedo a lo que pueda encontrar más adelante? hay algo siempre en tu mente que te dice que no podrás lograr nada, diremos que es el lado maligno de nuestro cerebrito en marcha, y hay otro que dice que saltes al aire, que no tengas miedo de nada, pues, ¿qué más hay para perder que la vida misma?. Hay un punto medio, justo en donde se hace el quiebre entre ambas ideas, un poco de cada una, ese quiebre solo te dice que camines con cuidado mirando tus pies sin levantar la cabeza. Como toda pionera empecé mi camino vacilando y con las piernas y el alma temblorosas, tenía miedo, solo podía subir, no se me habría ocurrido ir más profundo de lo que ya estaba... Yo tuve mi momento, ese momento por el que todos pasamos al menos una vez en nuestras vidas en el que sentimos que estamos en el fondo de un abismo tocando fondo y con los pies sepultados. Ahí empezó todo.
Levanté las manos para poder sujetarme de algo pero mis paredes se desgranaban con cada intento, y no solo se desgranaban, sino que sus fragmentos caían sobre mi cabeza haciendo más complicado mi propósito. Básicamente estaba en una encrucijada, o era salir, o salir.
Después del desasosiego empezó la escalada, y al salir me di cuenta de que estaba en completo desamparo y en un lugar lejos de casa, ese fue la mitad de mi viaje. Me falta sólo encontrar el camino a casa, pasé la peor parte y estoy en un campo minado de dudas nada más, perdida y sin saber en que dirección ir. Tengo una única guía que podría decirse que es una brújula que está instalada en mi cabeza a la que los mundanos llamarían intuición, tal vez. Veremos que sucede.
Levanté las manos para poder sujetarme de algo pero mis paredes se desgranaban con cada intento, y no solo se desgranaban, sino que sus fragmentos caían sobre mi cabeza haciendo más complicado mi propósito. Básicamente estaba en una encrucijada, o era salir, o salir.
Después del desasosiego empezó la escalada, y al salir me di cuenta de que estaba en completo desamparo y en un lugar lejos de casa, ese fue la mitad de mi viaje. Me falta sólo encontrar el camino a casa, pasé la peor parte y estoy en un campo minado de dudas nada más, perdida y sin saber en que dirección ir. Tengo una única guía que podría decirse que es una brújula que está instalada en mi cabeza a la que los mundanos llamarían intuición, tal vez. Veremos que sucede.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Diario de Clases: "Lucksherville"
Capítulo II
No existían esas "típicas" mañanas en este lugar, y con típicas me refiero a esas monótonas pero muy particulares mañanas en las que no te interesa existir siquiera. Solo habían "simplemente mañanas", ni fu ni fa. Nuestro cuerpo, como de costumbre ya estaba preparado para la odisea de todos los días...
Al día siguiente me desperté y lo primero que hice sin dudar segundo alguno fue husmear sigilosamente al bombón de la litera inferior de mi cuarto, imaginando como toda adolescente a su hombre de telenovela dormir descuidado, un brazo por aquí y una pierna por allá. Tampoco quería bajar abruptamente para no despertarlo, en fin, asomé mis narices controlando el chirrido intolerable de mi amada cama y vi que su colchón estaba despojado de su ropa, con un montón de estropajo a sus pies que seguramente eran las sábanas hechas bolita. Eran las 8:05 am en ese entonces, no vi ninguna de las cosas de Aaron en nuestra pequeña celda llamada "cuarto" ya había empezado a delirar... - La vieja Morris debe de haberlo persuadido para así transferirlo con Stacey Bosnjakovic!- pensé
Aún así me parecía extraño, creía caerle bien a Ruffina desde tiempos inmemorables, bueno, no tanto, solo hace cinco añares. Recordé que en este manicomio insufrible se estilaba desayunar los viernes unos panqueques con miel como los que hacía mi abuela, demasiado excelentes para lo que la cocinera de Lucksherville acostumbraba prepararnos. Nos repetía miles de veces que éramos números y objetos ahí dentro, todo, absolutamente todo era muy bueno para nosotros. Genial, después de estar dos minutos campante en pensamiento logré despabilarme y salir corriendo en pantuflas y pijama a desayunar. La cola para los panqueques era engorrosa e interminable, no me quedó otra que ir por un par de manzanas y una taza de café negro, era sorprendente, casi más grande que mi cabeza.
Cuando logré encontrar una mesa para colocarme cómodamente y comer, pude ver al mundano susodicho de labios voluptuosos primero en la fila, con la bandeja de plata y los panqueques rebosantes en su plato chorreando miel a sus lados. ¿Quieren saber en dónde están las cosas de Aaron? ahí, justo las estoy viendo en su espalda, estúpido y sensual chico... no suelta su mochila por nada del mundo. Recordé parte de nuestra charla nocturna de ayer, me comentó en un va y ven de palabras que nunca dejaba sus cosas en el cuarto por miedo a que lo separaran de su "bebé", la botella de whisky.
Entre tantos chicos y chicas con sus hormonas alborotadas al límite logró disociarme, como petrificada en un rincón del comedor tratando de que me pasaran por alto.
- Es difícil no percibir tanta tranquilidad entre estos monos gritones e inquietos- oí esa voz tan peculiar que se me acercaba por la espalda.
Giré lentamente la cabeza y mirando sobre mi hombro ahí lo vi, parado mirándome con ojos de cachorro; seguramente sea porque estaba pensando en algo, lo noté distraído. Pero aún así tenían que haber estado ahí y verlo conmigo era una catarata de encanto, sin peinar y con la barba crecida, comestible en su totalidad.
-¿Puedo sentarme?- me dijo a secas
Me moví un poco hacia mi izquierda, se sentó y disfrutamos el silencio unos minutos. Y así de la nada se paró y se fue al terminar, no supe de el en un buen rato. ¿Acaso es broma?, ¿En que está pensando? me pregunté eso el resto del día… hasta que por fin llegó la hora feliz, la hora de hablar con mi amiga del mediodía, la doctora Blanca Cooper. Blanca Cooper era una mujer de unos 40, una solterona dejada por su marido infiel, como en las comedias basileras, todo bochinche. Estaba deteriorada y sin hijos, no tenía mucho de que preocuparse. No era mi hora feliz, pero dentro de tanta locura era mi momento de ayuda diaria, hacía más el trabajo de una psicóloga corriente que el de una psiquiatra. Muy seguido peleábamos, porque según ella vivía la vida de una demente que alucinaba hasta quedarme sin energía, hasta ir a dormir por las noches, para luego así volver a ponerme de pie y alucinar. Básicamente era un ciclo, el ciclo de vida de Elle Brooksfield. Así como los animales, plantas y toda cosa en la tierra, yo tenía mi propio ciclo de vida, interesante… Ese día terminamos de gritarnos un poco y me fui furiosa, con mi temperamento ardiendo por las nubes, como era de esperarse, pues los viernes es cuando estoy más alterada y más aún por la situación que había tenido hace un rato con Aaron. Mi cabeza era como una caldera a punto de estallar del calor intenso que se me hacía dentro, no se si por la charlita con Cooper o por la escena irracional que pasé con este chico, o ambas. Hubiera pensando que me salieron alas y volé literalmente hacia nuestro cuarto nº 27, si no fuera por la golpiza que me dio la escalera de madera que conduce a los cuartos, inolvidable. Lamento no haberme corregido antes, la escalera no cobró vida ni nada por el estilo, solo no miré por dónde iba al igual que cualquier adolescente molesta y mis rodillas pagaron el precio de mi indolencia. Moví lentamente la puerta del cuarto y me encontré con el peor escenario del mundo, Aaron, y no estaba solo. Había alguien más en el cuarto… esto haría que mis esperanzas de algo cesaran por completo.
No existían esas "típicas" mañanas en este lugar, y con típicas me refiero a esas monótonas pero muy particulares mañanas en las que no te interesa existir siquiera. Solo habían "simplemente mañanas", ni fu ni fa. Nuestro cuerpo, como de costumbre ya estaba preparado para la odisea de todos los días...
Al día siguiente me desperté y lo primero que hice sin dudar segundo alguno fue husmear sigilosamente al bombón de la litera inferior de mi cuarto, imaginando como toda adolescente a su hombre de telenovela dormir descuidado, un brazo por aquí y una pierna por allá. Tampoco quería bajar abruptamente para no despertarlo, en fin, asomé mis narices controlando el chirrido intolerable de mi amada cama y vi que su colchón estaba despojado de su ropa, con un montón de estropajo a sus pies que seguramente eran las sábanas hechas bolita. Eran las 8:05 am en ese entonces, no vi ninguna de las cosas de Aaron en nuestra pequeña celda llamada "cuarto" ya había empezado a delirar... - La vieja Morris debe de haberlo persuadido para así transferirlo con Stacey Bosnjakovic!- pensé
Aún así me parecía extraño, creía caerle bien a Ruffina desde tiempos inmemorables, bueno, no tanto, solo hace cinco añares. Recordé que en este manicomio insufrible se estilaba desayunar los viernes unos panqueques con miel como los que hacía mi abuela, demasiado excelentes para lo que la cocinera de Lucksherville acostumbraba prepararnos. Nos repetía miles de veces que éramos números y objetos ahí dentro, todo, absolutamente todo era muy bueno para nosotros. Genial, después de estar dos minutos campante en pensamiento logré despabilarme y salir corriendo en pantuflas y pijama a desayunar. La cola para los panqueques era engorrosa e interminable, no me quedó otra que ir por un par de manzanas y una taza de café negro, era sorprendente, casi más grande que mi cabeza.
Cuando logré encontrar una mesa para colocarme cómodamente y comer, pude ver al mundano susodicho de labios voluptuosos primero en la fila, con la bandeja de plata y los panqueques rebosantes en su plato chorreando miel a sus lados. ¿Quieren saber en dónde están las cosas de Aaron? ahí, justo las estoy viendo en su espalda, estúpido y sensual chico... no suelta su mochila por nada del mundo. Recordé parte de nuestra charla nocturna de ayer, me comentó en un va y ven de palabras que nunca dejaba sus cosas en el cuarto por miedo a que lo separaran de su "bebé", la botella de whisky.
Entre tantos chicos y chicas con sus hormonas alborotadas al límite logró disociarme, como petrificada en un rincón del comedor tratando de que me pasaran por alto.
- Es difícil no percibir tanta tranquilidad entre estos monos gritones e inquietos- oí esa voz tan peculiar que se me acercaba por la espalda.
Giré lentamente la cabeza y mirando sobre mi hombro ahí lo vi, parado mirándome con ojos de cachorro; seguramente sea porque estaba pensando en algo, lo noté distraído. Pero aún así tenían que haber estado ahí y verlo conmigo era una catarata de encanto, sin peinar y con la barba crecida, comestible en su totalidad.
-¿Puedo sentarme?- me dijo a secas
Me moví un poco hacia mi izquierda, se sentó y disfrutamos el silencio unos minutos. Y así de la nada se paró y se fue al terminar, no supe de el en un buen rato. ¿Acaso es broma?, ¿En que está pensando? me pregunté eso el resto del día… hasta que por fin llegó la hora feliz, la hora de hablar con mi amiga del mediodía, la doctora Blanca Cooper. Blanca Cooper era una mujer de unos 40, una solterona dejada por su marido infiel, como en las comedias basileras, todo bochinche. Estaba deteriorada y sin hijos, no tenía mucho de que preocuparse. No era mi hora feliz, pero dentro de tanta locura era mi momento de ayuda diaria, hacía más el trabajo de una psicóloga corriente que el de una psiquiatra. Muy seguido peleábamos, porque según ella vivía la vida de una demente que alucinaba hasta quedarme sin energía, hasta ir a dormir por las noches, para luego así volver a ponerme de pie y alucinar. Básicamente era un ciclo, el ciclo de vida de Elle Brooksfield. Así como los animales, plantas y toda cosa en la tierra, yo tenía mi propio ciclo de vida, interesante… Ese día terminamos de gritarnos un poco y me fui furiosa, con mi temperamento ardiendo por las nubes, como era de esperarse, pues los viernes es cuando estoy más alterada y más aún por la situación que había tenido hace un rato con Aaron. Mi cabeza era como una caldera a punto de estallar del calor intenso que se me hacía dentro, no se si por la charlita con Cooper o por la escena irracional que pasé con este chico, o ambas. Hubiera pensando que me salieron alas y volé literalmente hacia nuestro cuarto nº 27, si no fuera por la golpiza que me dio la escalera de madera que conduce a los cuartos, inolvidable. Lamento no haberme corregido antes, la escalera no cobró vida ni nada por el estilo, solo no miré por dónde iba al igual que cualquier adolescente molesta y mis rodillas pagaron el precio de mi indolencia. Moví lentamente la puerta del cuarto y me encontré con el peor escenario del mundo, Aaron, y no estaba solo. Había alguien más en el cuarto… esto haría que mis esperanzas de algo cesaran por completo.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Diario de clases: "Lucksherville"
Capítulo I
Luck... así lo llamaba yo. Se destacó la mayor parte de sus años por su infraestructura maléfica e intimidante con un nauseabundo hedor a hospital, pero ya quisiera o no, era mi hogar y refugio en el universo por completo. Cuando alguien cercaba por primera vez los perímetros del instituto podía sentir esa energía que, para bien o para mal emanábamos los jóvenes de Lucksherville. Es mi quinto año aquí, me internaron cuanto acababa de cumplir trece. Supuse que mi locura de atar se iría divagando por los corredores del instituto, pero no había diferencias, seguía siendo la misma jovencita atolondrada de un principio, para variar. Ingresé en 1996, no entendía nada, le gritaba a mi madre que no dejara que unos hombres disfrazados de blanco me metieran dentro de una camioneta del mismo color, mientras ella con los ojos llenos de lágrimas me decía adiós, y desde ese día no la he visto. Pensaba que como una madre responsable que se hacía llamar me vendría a visitar en días festivos, como mi cumpleaños o tal vez Acción de Gracias o Navidad, pero eso nunca ocurrió... Todavía la sigo esperando. Siempre pensé que mi ligera esquizofrenia se iba a hacer menos masiva a medida que me fueran tratando con sesiones prácticamente intensivas de psiquiatra. Todos los días durante varias horas me atormentaba una mujer, yo creía que me estaba gritando muy furiosa, tal vez porque no podía ver ni escuchar todo lo que yo era capaz de. Me repetía muchísimas veces que no era posible que yo viera arañas de dos patas de un metro de largo, humanos excesivamente peludos (aunque eso era bastante normal) y con cuatro brazos y monos que me traían la comida a mi habitación vestidos cual mujeres y caminando perfectamente erguidos, cosa que me asombraba. Esta vendría a ser la parte en la que me presento: Gabrielle Brooksfield, dieciocho años, 1.56 metros de estatura, con un trapeador por cabello de color rubio ceniza (y bastante largo a decir verdad), amante de mí y de los patos.
Desde 1996 sigo teniendo la misma negligente alcoba nº 27, con cielo raso mohoso y amarillento por el olvido, el cual me daba igual. En mis ratos libres iba a mi cama que estaba en la litera superior de una cucheta que estaba en su punto máximo de putrefacción a imaginar figuras en el moho, así como hacen los jóvenes enamorados con las figuras impredecibles de las nubes. Eso era un poco más romántico y ordinario, pero yo, como siempre, quiero ser el pez que nada en lado opuesto al cardúmen.
Hace un par de años me designaron a Aaron, a mi cuarto por supuesto. La señora Ruffina Morris (la directora de Luck) vivía insistiendo en la importancia de entender e interactuar con el sexo opuesto, me parecía nefasto y sin sentido pero allá ella y sus ideas de vieja decrépita. Aaron era un chico de diecinueve, bastante atractivo para mi gusto, tenía un sex appeal que alarmaba a mis cinco sentidos; con cabello corto y lóbrego. Amo comparar rasgos humanos con la naturaleza, eso es algo que nunca pude ocultar desde que tengo memoria. Volviendo a Aaron: además de su destacado cabello y sus increíbles ojos verdes tenía unos labios perfecta y equilibradamente voluptuosos, parecía un chico creado por mí. ¿Se imaginan? "Laboratorios Elle" haz tus hombres a medida aquí (como slogan), que idea tan disparatada...
Entró un jueves, 21 de marzo de 1999. Nos reunieron a los 234 chicos de Lucksherville en el teatro del instituto (es medio zafado, lo sé; ¿un teatro en un loquero? sí, lo usaban para clases de actuación, para mantener nuestras mentes en actividades lucrativas y presentar obras al resto de los chicos) ok, nos reunieron ese jueves a las 10:01 am. la anciana Morris quería presentar al pobre chico como si fuera una estrella de cine, claro, hacía muchos meses que un chico no entraba al instituto y quería hacerlo sentir cómodo; sepan disculparla. Él estaba parado junto al podio en el que se encontraba Morris haciendo su monótono discurso de introducción como petrificado, no se si causado por los nervios, pero yo; en la primera fila, asiento 13 estaba observándolo como para devorárlo. Y ahí, en ese oportuno momento me echó una guiñada matadora que me dejó en la octaba luna de júpiter. Crucé los dedos para que lo asignaran conmigo y creo que funcionó bastante bien, cruzaré los dedos más seguido...
La vieja (Sra Morris) así la llamaba yo, trajo a Aaron casi a una velocidad inhumana al cuarto 27 y nos presentó:
- Elle, él es Aaron y compartirán la morada hasta nuevo aviso- me dijo, con bruta cara de felicidad.
-Genial- Le respondí.
No podía dejar que Morris se percatara de que me había enloquecido más de la cuenta, sino cambiaría a Aaron con otra chica. Tal vez con Stacey Bosnjakovic la rara croata del cuarto nº 28, era una chica obsesionada con los fantasmas y que seguramente cargaba con uno en su espalda, siempre se la veía muy encorvada...
Después de que la vieja se fuera de nuestra alcoba (sonaba raro decir "nuestra" sabiendo que dormí 3 años sola en mi litera superior) Aaron volcó su pequeña mochila en la litera inferior, y empezó a "desempacar", lo primero que sacó de su diminuta pero espaciosa mochilita fue una botella inmensa de Jack Daniel's y como siete u ocho cajas de Marlboro Gold. Justo ante de que pudiera quejarme o decir una palabra se me adelantó:
-Elle, hermoso nombre, hermosa chica-
Y cuando pensé no poder quedar más en ridículo quedé en blanco, ninguna palabra que pudiera decir se iba a comparar a la voz grave y sensual que salía de sus labios voluptuosos.
-Eh... Aaron, es un placer conocerte. ¿Que te trajo a Luck?- le pregunté tratando de sonar tan interesante como él, aunque un poco tímida...
-Deberás saber que Luck no es solo un psiquiátrico rubia, es un centro de rehabilitación. Este lugar es una completa caja de sorpresas.
Y raramente no lo sabía, otra vez... Luck parece que actualiza sus normas de ingreso a diario. no se lo quería decir, pero lo noté por la exquisita forma en la que bebía y fumaba que tenía una razón para estar en el internado...
Luck... así lo llamaba yo. Se destacó la mayor parte de sus años por su infraestructura maléfica e intimidante con un nauseabundo hedor a hospital, pero ya quisiera o no, era mi hogar y refugio en el universo por completo. Cuando alguien cercaba por primera vez los perímetros del instituto podía sentir esa energía que, para bien o para mal emanábamos los jóvenes de Lucksherville. Es mi quinto año aquí, me internaron cuanto acababa de cumplir trece. Supuse que mi locura de atar se iría divagando por los corredores del instituto, pero no había diferencias, seguía siendo la misma jovencita atolondrada de un principio, para variar. Ingresé en 1996, no entendía nada, le gritaba a mi madre que no dejara que unos hombres disfrazados de blanco me metieran dentro de una camioneta del mismo color, mientras ella con los ojos llenos de lágrimas me decía adiós, y desde ese día no la he visto. Pensaba que como una madre responsable que se hacía llamar me vendría a visitar en días festivos, como mi cumpleaños o tal vez Acción de Gracias o Navidad, pero eso nunca ocurrió... Todavía la sigo esperando. Siempre pensé que mi ligera esquizofrenia se iba a hacer menos masiva a medida que me fueran tratando con sesiones prácticamente intensivas de psiquiatra. Todos los días durante varias horas me atormentaba una mujer, yo creía que me estaba gritando muy furiosa, tal vez porque no podía ver ni escuchar todo lo que yo era capaz de. Me repetía muchísimas veces que no era posible que yo viera arañas de dos patas de un metro de largo, humanos excesivamente peludos (aunque eso era bastante normal) y con cuatro brazos y monos que me traían la comida a mi habitación vestidos cual mujeres y caminando perfectamente erguidos, cosa que me asombraba. Esta vendría a ser la parte en la que me presento: Gabrielle Brooksfield, dieciocho años, 1.56 metros de estatura, con un trapeador por cabello de color rubio ceniza (y bastante largo a decir verdad), amante de mí y de los patos.
Desde 1996 sigo teniendo la misma negligente alcoba nº 27, con cielo raso mohoso y amarillento por el olvido, el cual me daba igual. En mis ratos libres iba a mi cama que estaba en la litera superior de una cucheta que estaba en su punto máximo de putrefacción a imaginar figuras en el moho, así como hacen los jóvenes enamorados con las figuras impredecibles de las nubes. Eso era un poco más romántico y ordinario, pero yo, como siempre, quiero ser el pez que nada en lado opuesto al cardúmen.
Hace un par de años me designaron a Aaron, a mi cuarto por supuesto. La señora Ruffina Morris (la directora de Luck) vivía insistiendo en la importancia de entender e interactuar con el sexo opuesto, me parecía nefasto y sin sentido pero allá ella y sus ideas de vieja decrépita. Aaron era un chico de diecinueve, bastante atractivo para mi gusto, tenía un sex appeal que alarmaba a mis cinco sentidos; con cabello corto y lóbrego. Amo comparar rasgos humanos con la naturaleza, eso es algo que nunca pude ocultar desde que tengo memoria. Volviendo a Aaron: además de su destacado cabello y sus increíbles ojos verdes tenía unos labios perfecta y equilibradamente voluptuosos, parecía un chico creado por mí. ¿Se imaginan? "Laboratorios Elle" haz tus hombres a medida aquí (como slogan), que idea tan disparatada...
Entró un jueves, 21 de marzo de 1999. Nos reunieron a los 234 chicos de Lucksherville en el teatro del instituto (es medio zafado, lo sé; ¿un teatro en un loquero? sí, lo usaban para clases de actuación, para mantener nuestras mentes en actividades lucrativas y presentar obras al resto de los chicos) ok, nos reunieron ese jueves a las 10:01 am. la anciana Morris quería presentar al pobre chico como si fuera una estrella de cine, claro, hacía muchos meses que un chico no entraba al instituto y quería hacerlo sentir cómodo; sepan disculparla. Él estaba parado junto al podio en el que se encontraba Morris haciendo su monótono discurso de introducción como petrificado, no se si causado por los nervios, pero yo; en la primera fila, asiento 13 estaba observándolo como para devorárlo. Y ahí, en ese oportuno momento me echó una guiñada matadora que me dejó en la octaba luna de júpiter. Crucé los dedos para que lo asignaran conmigo y creo que funcionó bastante bien, cruzaré los dedos más seguido...
La vieja (Sra Morris) así la llamaba yo, trajo a Aaron casi a una velocidad inhumana al cuarto 27 y nos presentó:
- Elle, él es Aaron y compartirán la morada hasta nuevo aviso- me dijo, con bruta cara de felicidad.
-Genial- Le respondí.
No podía dejar que Morris se percatara de que me había enloquecido más de la cuenta, sino cambiaría a Aaron con otra chica. Tal vez con Stacey Bosnjakovic la rara croata del cuarto nº 28, era una chica obsesionada con los fantasmas y que seguramente cargaba con uno en su espalda, siempre se la veía muy encorvada...
Después de que la vieja se fuera de nuestra alcoba (sonaba raro decir "nuestra" sabiendo que dormí 3 años sola en mi litera superior) Aaron volcó su pequeña mochila en la litera inferior, y empezó a "desempacar", lo primero que sacó de su diminuta pero espaciosa mochilita fue una botella inmensa de Jack Daniel's y como siete u ocho cajas de Marlboro Gold. Justo ante de que pudiera quejarme o decir una palabra se me adelantó:
Y cuando pensé no poder quedar más en ridículo quedé en blanco, ninguna palabra que pudiera decir se iba a comparar a la voz grave y sensual que salía de sus labios voluptuosos.
-Eh... Aaron, es un placer conocerte. ¿Que te trajo a Luck?- le pregunté tratando de sonar tan interesante como él, aunque un poco tímida...
-Deberás saber que Luck no es solo un psiquiátrico rubia, es un centro de rehabilitación. Este lugar es una completa caja de sorpresas.
Y raramente no lo sabía, otra vez... Luck parece que actualiza sus normas de ingreso a diario. no se lo quería decir, pero lo noté por la exquisita forma en la que bebía y fumaba que tenía una razón para estar en el internado...
jueves, 24 de julio de 2014
158208 horas.
Al cabo de mi último año de vida supe exactamente que era lo que quería hacer en ella, quería efectuar un encuentro conmigo misma y mis amoríos pasados. Y junto con mis amoríos el júbilo acumulado antes de implotar, debido a la euforia de mis poderosos dieciocho años, mis dieciocho inviernos; pareciendo mi inevitable existir. Y llegué a la corta conclusión de que, vivir 158208 horas sin descanso alguno no es un trabajo fácil de concretar. 158208 horas, imagínense, cuanto tiempo tendrían que estar mirando fijamente un reloj, para observar como se desliza su agujita menor de número en número 158208 veces, exacto, mucho tiempo.
¿Cuántas cosas podrían pasar en esa cantidad casi inontable de horas? vida, amor, muerte, odio, pérdidas, etc. Se podría decir, básicamente que viví 9.492.480 minutos de ilusiones.
Dicen que cuando nos liberamos, en la libertad encontramos el acto de cometer pecados y en sí, eso fue lo que me llevó a hablar de estas ilusiones hechas pedazos.

Un encuentro conmigo misma consistirá en plantar una serie de miedos delante de mí, a un yo oportunamente valiente y temeraria tratando de mirar mis mustios temores frente a frente, con ojos abrazantes, y ardientemente devoradores de inocencia. Cosa de que parezca una chica intrépida, aunque coraje sea lo que más me falta.
Quiero que me vuelvan a pintar un mundo en el que las ilusiones sean más que un juego de palabras y gestos ridículos de los demás...
Quiero que ese encuentro conmigo misma deje de ser tan destructivo. Siempre que pienso, me destruyo.
¿Cuántas cosas podrían pasar en esa cantidad casi inontable de horas? vida, amor, muerte, odio, pérdidas, etc. Se podría decir, básicamente que viví 9.492.480 minutos de ilusiones.
Dicen que cuando nos liberamos, en la libertad encontramos el acto de cometer pecados y en sí, eso fue lo que me llevó a hablar de estas ilusiones hechas pedazos.
Un encuentro conmigo misma consistirá en plantar una serie de miedos delante de mí, a un yo oportunamente valiente y temeraria tratando de mirar mis mustios temores frente a frente, con ojos abrazantes, y ardientemente devoradores de inocencia. Cosa de que parezca una chica intrépida, aunque coraje sea lo que más me falta.
Quiero que me vuelvan a pintar un mundo en el que las ilusiones sean más que un juego de palabras y gestos ridículos de los demás...
Quiero que ese encuentro conmigo misma deje de ser tan destructivo. Siempre que pienso, me destruyo.
martes, 20 de mayo de 2014
Somos más que eso
Se que no soy la única a la que le pasó eso, pero se que es lindo irlo superando de a poco. Por eso quiero compartirlo, vi fotos viejas y caí en la realidad de lo que era... creo que eso fue lo que hizo que algo en mi cabeza un poco hueca se estimulara de una vez por todas. Como toda persona tuve mis altos y bajos en esta experiencia de la que ya transcurrieron unos 5 meses o tal vez 6. Habían días en los que me subía a la balanza y bajaba un kilo (lo que para mi ya era un gran paso) y me alegraba millones. Como también habían días en los que me levantaba con una angustia fatídica, con ganas de mandar todo al diablo, y ser feliz como YO lo estaba siendo hasta ese momento. En estos casi 6 meses viví numerosos accidentes emocionales producto de esta experiencia, no me arrepiento de nada. Es difícil decir eso con propiedad, tuve un trastorno de alimentación que duró varios meses ¿y qué? ¿eso me hizo peor persona?... como muchas personas dirían ¿me sirvió de algo?¿es bueno? Las respuestas serían: no, sí y nuevamente no. Se que vivir lo que viví me hizo más fuerte, luego de haberlo tratado de superar, más inteligente. Y me sirvió para saber separar lo que es mi felicidad y el tratar de hacer felices a los demás, y no; no es nada bueno. Aprendí lo que es ser feliz de una vez por todas ¿quieren saber que me parece que es? sentirme bien con MIS logros, y los de afuera son de palo. Igualmente nada se compara a la satisfacción de ver que las personas que te desmoronaban ahora sienten admiración. Que irónico.
Por primera vez en mi vida me siento completamente próspera, gozando de los resultados de mi labor. Era de esas que decían ''yo soy así, el que me quiera me va a querer por lo que soy" pero luego me di cuenta de que eso no es suficiente, no basta con que los demás me quieran, basta con que yo misma me quiera, ese es el primer paso. Ahora estoy ante una frase que tengo tatuada en el alma, ¡todo se puede! solo hace falta mucha voluntad y constancia. Ya llegué a los -20kg, se que para mi meta falta un poco más, pero ya esto es parte de ella. Un pedacito de mi felicidad ya se completó. MANTÉN LA CALMA, SUBE LA CABEZA Y CONTINÚA.
domingo, 20 de abril de 2014
Esto seguirá
Tómenme, se los ruego, llévenme a la vida de décadas atrás. Las personas eran cálidas, no habían puñales por la espalda... ni siquiera existía dicho término.
No quiero imaginar como será el fin de los tiempos, como viene la mano dudaría de la existencia del cariño siquiera. Me imagino un futuro indescifrable repleto de personas descorazonadas, con miedo a sentir, a amar, a hablar. Próximos años dibujados en un papel con color negro y gris, carente de color y vida.
No basilaría al decir que el respeto y amor hacia los demás son palabras que en un tiempo no muy lejano se extinguirán. Viviremos en una sociedad ruin y en completo desamor. Considero altamente dichosa a esa persona que fue tan afortunada de vivir sin el obstáculo de las personas ''bomba'' literalmente, me refiero a que destruyen absolutamente todo, o mejor dicho: te destruyen...
jueves, 20 de marzo de 2014
Tratos sumamente justos
Mujer que a veces cree que lo que hace no es suficiente ni paga el trato, en ocasiones pesimista y muerta viva, y en otras voraz con apetito de la vida.
Señorita que esconde sus problemas detrás de sonrisas plásticas brutales, apaga el fuego con su grito agudo y allí se queda.
Moza que extraña, moza que siente demasiadas cosas e hiperboliza todo lo que esté a su alcance. No prioriza sus actos ni administra sus vivencias. Solo actúa, ojalá los demás no le guarden remordimiento...
Pero no le importa, llora los días de descanso.
Y con descanso me refiero a descanso de esa serie de hechos desafortunados que la hacen sentir miserable. La señorita está es un estado de antipatía bestial, no le hablen, no la toquen, traten de no sentirla allí.
Háganla sentir invisible, dénle libertad, que recapacite y ponga su mente en marcha...
miércoles, 26 de febrero de 2014
A true love story never ends
A veces me pregunto que será de la frase indiscutible que todos se plantearon alguna vez en sus vidas, ¿será posible que el amor exista? y más aún ¿será posible que el amor sea infinito e interminable?. Toda mi vida pensé que no, no podía parar de recalcármelo pero la vida me planteó un ejemplo claro de que estaba equivocada... Voy a contarlo con millones de detalles:
Según mi abuela se habían casado hace ya muchos años, fueron amores de la vida recíprocos. Sus nombres eran Floreal y Dercilia, ella era una mujer muy dulce siempre lo pensé, era como la abuela del barrio, y Floreal era un anciano de muy pocas palabras, muy reservado.
Crecí con esa pareja inseparable viviendo enfrente de mi casa, papá era muy amigo de su hija Gaby desde que eran pre pubertos, entonces nuestra familias eran muy allegadas.
Los apreciaba demasiado, cuando mi abuelo falleció ellos fueron los primeros en contenerme además de mis papás y mi abuela. Cuando cumplí quince años era muy tierno verlos bailando en la pista, muy felices como si no hubiera mañana.
Estaba segura de que esa imagen de los dos iba a quedar "grabada a fuego" como dicen los mundanos dos por tres. Este año fue un poco extraño... empezó con malas vibras en todo sentido. Pero pasó algo que nadie esperaba que pasara, Dercilia falleció de un paro cardíaco...
Me enteré un par de semanas después de que pasó, como a fines de enero. Lo primero que hice fue darle mi más sentido pésame a la familia y a Floreal, que en ese momento era lo que más me destruía, me sentí en su lugar... Su esposa de más de cincuenta años se había ido. ¿Qué poder hacer para contenerlo? no creo que hubiera nada que apagara ese fuego interno que tenía, producto de lo que pasó.
Una semana después a Floreal lo vi demasiado despreocupado, haciendo los labores de la casa. Me parecía un poco descabellado con 70 años andar cavando pozos y pintando su casa, solo digo... Me sentía muy mal por el y era algo que no podía ocultar frente a mi madre siquiera.
Todos rumoreaban millones de cosas pero nadie quiso darle importancia a parloterías baratas, como las hay en todos los barrios. Mi abuela me contó con tacto que Floreal había partido, que había tenido un derrame cerebral (casualmente fue lo mismo que le pasó a mi abuelo años atrás)... Lo primero que pensé fue "que grande es la vida, y que buena'' 15 días separados y a vida los volvió a unir.
Lloré extrañando a ambos y pensando que el amor verdadero y eterno si existe, ¡SON ELLOS! estaban sufriendo separados, y creí que había sido el karma o alguna fuerza esperanzadora la que los había vuelto a juntar al saber lo triste que Floreal vivió esos días. Ahora están felices y juntos otra vez, y ahora no queda otra opción que aprender a ''llenar'' ese hueco que dejaron en mi memoria...
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