Es inevitable, cada vez que el impulso es causa de nuestras disputas invernales poner a mi cerebro y manos
en marcha. Escribir hasta cansarme y llorar hasta que mis ojos queden enrojecidos y adoloridos.
No es adrede, pero causas eso en mi y siempre lo harás.
Lo primero que me viene a la mente fue aquella tarde, en
la que los legos del muro en donde nos encontrábamos eran iluminados por los destellos de sol de la media
tarde ...el desasosiego era lo que me abundaba y controlaba,
también lo llamaría una inquietud avasallante.
Asimismo no quiero romper mi orgullo ni tampoco lo haré ...

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