Todas las noches arribaba a mi casa aturdida y arruinada por las voces de las veredas, los fantasmas del aire... Comúnmente llamados ''vientos de invierno''. Con los ojos entreabiertos, como si hubiera fumado, tan solo un poco, cosa que no había sucedido. Mi cabello se veía reseco y umbro ... Mamá preocupada sollozó, y yo regocijando cómodamente en un tonito impactante y despectivo. Lloró un poco, se calmó y gritó... tal vez pensó que era una más de mis tontas burlas bruscas y caprichosas de un típico día. Subí las escaleras con un apuro imprudente, me encerré y disfruté del silencio que apaciguaba mis oídos e inundaba mis sentidos.
Con un gesto, una leve sonrisa recordé mis aventuras junto con un gatito negro en mis sueños, que en su cabeza sostenía un sombrerito de copa, tan pequeño que parecía para una muñeca de porcelana muy delicado y elegante. Esa mueca sonriente se dibujó por unos instantes hasta que mamá toco la puerta.
¡Quiero que me dejes sola un momento! no lo entendió y siguió estrellando el puño en mi puerta como si llamara a un sordo... Pienso que mamá quería que le devolvieran a su pequeña , yo ya tengo 17 años , dejé de ser una niña ya hace un tiempo. Con carita de sol y voz inocente.
nunca entenderé el pensamiento mi vieja, no se como funciona el cerebro de los adultos. ¿Hay acaso una persecución constante en sus mentes?


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