19. Montaña rusa emocional. Amante de la vida. No podemos lograr nada sin esfuerzo y constancia, reina de las caprichosas de mente frágil e infantil. Odio las mentiras. Estoy enamorada de mí. Necesito más amor del que necesitaría cualquiera. Tengo una seria adicción con enamorarme de la persona equivocada y extrañar de la misma manera. En cuanto a sentimiento necesito muchos golpes para caer en la realidad. No suelo buscar a las personas, pero si me buscan está más que claro que me encontrarán.
Soy la persona más antipática del mundo con personas a las que no conozco, no soy de demostrar cariño pero cuando realmente siento algo por alguien me vuelvo el ser más patéticamente cursi del universo. Cuando me enamoro quiero ser perfecta, no quiero cometer errores, quiero que me quieran tanto como yo lo hago, quiero ser el TODO para a otra persona. Pongo todo de mí aunque, como acostumbro, suelo ser la lastimada de las "relaciones". Quiero correr y saltar a la misma vez y gracias a eso termino tirada y sin dar un solo paso. Siempre. Amo Arctic Monkeys, la música en general, y más aquella que transmite todas esas palabras que no soy capaz de decir.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Diario de clases: "Lucksherville"

Capítulo I

Luck... así lo llamaba yo. Se destacó la mayor parte de sus años por su infraestructura maléfica e intimidante con un nauseabundo hedor a hospital, pero ya quisiera o no, era mi hogar y refugio en el universo por completo. Cuando alguien cercaba por primera vez los perímetros del instituto podía sentir esa energía que, para bien o para mal emanábamos los jóvenes de Lucksherville. Es mi quinto año aquí, me internaron cuanto acababa de cumplir trece. Supuse que mi locura de atar se iría divagando por los corredores del instituto, pero no había diferencias, seguía siendo la misma jovencita atolondrada de un principio, para variar. Ingresé en 1996, no entendía nada, le gritaba a mi madre que no dejara que unos hombres disfrazados de blanco me metieran dentro de una camioneta del mismo color, mientras ella con los ojos llenos de lágrimas me decía adiós, y desde ese día no la he visto. Pensaba que como una madre responsable que se hacía llamar me vendría a visitar en días festivos, como mi cumpleaños o tal vez Acción de Gracias o Navidad, pero eso nunca ocurrió... Todavía la sigo esperando. Siempre pensé que mi ligera esquizofrenia se iba a hacer menos masiva a medida que me fueran tratando con sesiones prácticamente intensivas de psiquiatra. Todos los días durante varias horas me atormentaba una mujer, yo creía que me estaba gritando muy furiosa, tal vez porque no podía ver ni escuchar todo lo que yo era capaz de. Me repetía muchísimas veces que no era posible que yo viera arañas de dos patas de un metro de largo, humanos excesivamente peludos (aunque eso era bastante normal) y con cuatro brazos y monos que me traían la comida a mi habitación vestidos cual mujeres y caminando perfectamente erguidos, cosa que me asombraba. Esta vendría a ser la parte en la que me presento: Gabrielle Brooksfield, dieciocho años, 1.56 metros de estatura, con un trapeador por cabello de color rubio ceniza (y bastante largo a decir verdad), amante de mí y de los patos. 

 Desde 1996 sigo teniendo la misma negligente alcoba nº 27, con cielo raso mohoso y amarillento por el olvido, el cual me daba igual. En mis ratos libres iba a mi cama que estaba en la litera superior de una cucheta que estaba en su punto máximo de putrefacción a imaginar figuras en el moho, así como hacen los jóvenes enamorados con las figuras impredecibles de las nubes. Eso era un poco más romántico y ordinario, pero yo, como siempre, quiero ser el pez que nada en lado opuesto al cardúmen. 
 Hace un par de años me designaron a Aaron, a mi cuarto por supuesto. La señora Ruffina Morris (la directora de Luck) vivía insistiendo en la importancia de entender e interactuar con el sexo opuesto, me parecía nefasto y sin sentido pero allá ella y sus ideas de vieja decrépita. Aaron era un chico de diecinueve, bastante atractivo para mi gusto, tenía un sex appeal que alarmaba a mis cinco sentidos; con cabello corto y lóbrego. Amo comparar rasgos humanos con la naturaleza, eso es algo que nunca pude ocultar desde que tengo memoria. Volviendo a Aaron: además de su destacado cabello y sus increíbles ojos verdes tenía unos labios perfecta y equilibradamente voluptuosos, parecía un chico creado por mí. ¿Se imaginan? "Laboratorios Elle" haz tus hombres a medida aquí (como slogan), que idea tan disparatada...
Entró un jueves, 21 de marzo de 1999.  Nos reunieron a los 234 chicos de Lucksherville en el teatro del instituto (es medio zafado, lo sé; ¿un teatro en un loquero? sí, lo usaban para clases de actuación, para mantener nuestras mentes en actividades lucrativas y presentar obras al resto de los chicos) ok, nos reunieron ese jueves a las 10:01 am. la anciana Morris quería presentar al pobre chico como si fuera una estrella de cine, claro, hacía muchos meses que un chico no entraba al instituto y quería hacerlo sentir cómodo; sepan disculparla. Él estaba parado junto al podio en el que se encontraba Morris haciendo su monótono discurso de introducción como petrificado, no se si causado por los nervios, pero yo; en la primera fila, asiento 13 estaba observándolo como para devorárlo. Y ahí, en ese oportuno momento me echó una guiñada matadora que me dejó en la octaba luna de júpiter. Crucé los dedos para que lo asignaran conmigo y creo que funcionó bastante bien, cruzaré los dedos más seguido... 
La vieja (Sra Morris) así la llamaba yo, trajo a Aaron casi a una velocidad inhumana al cuarto 27 y nos presentó: 
- Elle, él es Aaron y compartirán la morada hasta nuevo aviso- me dijo, con bruta cara de felicidad. 
-Genial- Le respondí. 
 No podía dejar que Morris se percatara de que me había enloquecido más de la cuenta, sino cambiaría a Aaron con otra chica. Tal vez con Stacey Bosnjakovic la rara croata del cuarto nº 28, era una chica obsesionada con los fantasmas y que seguramente cargaba con uno en su espalda, siempre se la veía muy encorvada...
Después de que la vieja se fuera de nuestra alcoba (sonaba raro decir "nuestra" sabiendo que dormí 3 años sola en mi litera superior) Aaron volcó su pequeña mochila en la litera inferior, y empezó a "desempacar", lo primero que sacó de su diminuta pero espaciosa mochilita fue una botella inmensa de Jack Daniel's y como siete u ocho cajas de Marlboro Gold. Justo ante de que pudiera quejarme o decir una palabra se me adelantó: 


Untitled

-Elle, hermoso nombre, hermosa chica- 

 Y cuando pensé no poder quedar más en ridículo quedé en blanco, ninguna palabra que pudiera decir se iba a comparar a la voz grave y sensual que salía de sus labios voluptuosos. 


-Eh... Aaron, es un placer conocerte. ¿Que te trajo a Luck?- le pregunté tratando de sonar tan interesante como él, aunque un poco tímida...


-Deberás saber que Luck no es solo un psiquiátrico rubia, es un centro de rehabilitación. Este lugar es una completa caja de sorpresas.

  
Y raramente no lo sabía, otra vez... Luck parece que actualiza sus normas de ingreso a diario. no se lo quería decir, pero lo noté por la exquisita forma en la que bebía y fumaba que tenía una razón para estar en el internado...